Alumni: de fidelizar a apoyar trayectorias

La gestión de alumni en la educación superior universitaria y técnico-profesional, enfrenta un desafío que excede con creces la fidelización tradicional. Los modelos históricos, centrados en el ciclo formación- titulación – egreso – nuevas ofertas de post grado, ya no reflejan la realidad de trayectorias laborales crecientemente no lineales, marcadas por movilidad, reconversión, emprendimiento y aprendizaje continuo.

Si bien la empleabilidad temprana sigue siendo un indicador relevante, pierde capacidad explicativa cuando se observan dimensiones como progresión laboral, cambios de sector o emprendimiento.

A ello se suma una presión creciente desde los sistemas de aseguramiento de la calidad, que demandan evidencia de resultados, pertinencia y contribución efectiva al desarrollo. El desafío, por tanto, es acompañar trayectorias reales en el tiempo.

Sin embargo, gran parte de las instituciones continúa gestionando alumni desde enfoques heredados: encuestas de baja respuesta, eventos sociales de impacto limitado y bolsas o ferias de empleo.

El problema no es de compromiso, sino de enfoque. Se administra la relación cuando se requiere una estrategia.

Las instituciones que han comenzado a innovar están transitando desde la gestión de egresados hacia la gestión y apoyo de trayectorias formativas y profesionales, reconociendo al titulado como una extensión viva del proyecto educativo y una fuente clave de retroalimentación.

Este cambio permite incorporar información longitudinal sobre inserción laboral, movilidad, reconversión y emprendimiento, y utilizarla para ajustar perfiles de egreso, fortalecer la pertinencia curricular y responder de manera más sólida a los criterios de acreditación. Al mismo tiempo, abre una oportunidad estratégica para articular de forma más profunda a la educación superior con el mundo empresarial y los ecosistemas de emprendimiento e innovación.

Los alumni son el puente natural entre estos mundos: conocen las brechas de competencias, participan en sectores productivos y de servicios y pueden contribuir activamente como mentores, empleadores o co-diseñadores de programas.

Apoyar trayectorias implica también avanzar desde el discurso hacia la operación efectiva de la formación a lo largo de la vida. No se trata de ofrecer cursos, ocasiones de networking o ferias, más bien de identificar momentos críticos, anticipar necesidades y diseñar ofertas pertinentes basadas en evidencia. Los modelos de gestión de trayectorias permiten precisamente ese tránsito, superando la lógica reactiva que ha predominado históricamente.

La educación superior enfrenta así una decisión estratégica ineludible: persistir en modelos de alumni centrados en la fidelización simbólica, o atreverse a rediseñar la relación con sus titulados desde una lógica de acompañamiento de trayectorias.

Quienes logren dar este paso responderán mejor a las exigencias de acreditación y  construirán instituciones más pertinentes, conectadas con la realidad y más coherentes con los desafíos del desarrollo en el siglo XXI.

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